Ángel Beccassino ha diseñado estrategias de comunicación electoral en Argentina, México, Colombia, Ecuador, Venezuela, Bolivia, y ha publicado tres libros considerados fundamentales para la comprensión de este campo de la comunicación: “El Precio del Poder”, en Editorial Aguilar, y “El Triunfo de Lucho y Pablo” y “La Nueva Política” en Editorial Grijalbo.

Dice Alberto Coronado, que le entrevista en www.lasillavacia.com: Conversamos con Beccassino, publicista, periodista y artista plástico conocido por su extenso currículo como consultor en estrategias electorales, marketing político y manejo de crisis para los gobiernos de Venezuela, Perú, Ecuador y Colombia, cuyo más reciente libro (La nueva política, Grijalbo, 2009) hace un lúcido recuento de los fenómenos que viven las democracias alrededor del mundo. que nos permite entender la perspectiva de nuestro debate político domestico.

Ángel Beccassino: La democracia se va disolviendo en pequeños espectáculos encadenados que producen en el electorado una lectura que los lleva a abandonar su participación en política bajo el pretexto de que esta, que rige sus vidas, es algo sucio, con lo que es mejor no mezclarse ni avalarla con el voto.

Alberto Coronado: ¿Afirmaría entonces que estamos ante a una banalización de la democracia?

A. B.-Indudablemente, la democracia se ha banalizado. En el mundo que vivimos, la importancia de los temas, para el público masivo, la establece el interés que ponen en esos temas los medios, particularmente la televisión.  Eso que llamamos ‘la agenda’ está hoy en manos de los medios, encuadrados en aquella teoría de la ‘exposición selectiva’, influenciando las opiniones de los individuos, particularmente de quienes tienen menor nivel educativo y mínimo involucramiento político.

A. C.-Una nueva forma de hacer política en donde el mensaje no se diluya en la masa, que retome lo ‘micro’ con electores mejor informados, ¿representaría un cambio en la forma en que se vive la democracia en Colombia?

A. B.-Sería una revolución. Pero los ciudadanos, con su sensibilidad irritada por una realidad que muestra el futuro inmediato como algo incierto, se presentan en nuestros días con una altísima sensibilidad ante los riesgos, y muy baja sensibilidad hacia las oportunidades. Esa desesperanza hace que nos movamos en un campo limitado a la gratificación inmediata.
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